VOLANDO CON LA COLOMETA
CUADERNO DE BITÁCORA CRÍTICO, CREATIVO Y EMOCIONAL
miércoles 15 de febrero de 2012
SAN VALENTÍN MUSICAL
Este San Valentín lo he celebrado junto a la Colometa con un concierto en la sala de cámara del Auditorio Nacional a cargo del prestigioso cuarteto Arditti. Interpretaron el magnífico Cuarteto de cuerda opus 3 de Alban Berg, discipulo de Arnold Shoenberg y compañero de Anton Webern, trío sabrado que modificó las bases tonales de la música en pleno siglo XX con el revolucionario dedecafonismo, al igual que hiciera con la pintura Picasso o Joyce con la literatura.
Sobre Alban Berg no hubo discusión posible: su música suena en manos de este cuarteto como una página consagrada por el tiempo en la que el espíritu se desliza sobre territorios inexplorados con la sensibilidad de este autor siempre a flor de piel. Tampoco discrepamos con el alemán Wolfgang Rihm: no es uno de nuestros autores predilectos, aunque escuchamos su magnífica pieza con atención.
Donde ya tuvimos algunas discrepancias más es sobre la obra de Tomás Marco y la de Philippe Manoury. La Colometa fue más partidaria del primero. Sobre Marco tengo que decir que le sigo con mucho interés desde que, en los años 90, fuera director del Festival de Música Contemporánea de Alicante, cita a la que acudía con mi entonces pareja con un entusiasmo aún veraniego todos los meses de septiembre. Recuerdo con especial emoción la música de Ligeti en el Castillo, la de Cristóbal Halffter en la Casa del Ingeniero. Algún septiembre, al descuido, imagino que volveré. En fin, decía sobre Tomás Marco que respeto su inteligencia compositiva pero siempre se me quedó algo corto en el alcance estético de sus propuestas. Tengo que decir que, sin embargo, con este Cuarteto número 6 me ha convencido de que su madurez compositiva está siendo plena y fructífera.
A mí el que me sedujo ayer de veras con su obra fue Philippe Manoury. Discípulo amoroso de sus maestros de finales de siglo, de grandes compositores que usaron series, fractales y sobre todo ello, la potencia casi infinita y desconcertante de los ordenadores para ampliar sus campos de visión, para ordenar de nuevo el espíritu tras superarse las propuestas de mediados y finales del milenio, me dejó impresionado con su Stringendo (Cuarteto de cuerda número 1). Mantuvo en el desarrollo casi caótico de la competición de violines y violas elementos que desaparecían y volvían a renacer, voces que indicaban su presencia casi fantasmagórica para luego hacerse carne casi con odio en cada pellizco a las cuerdas que les propinaban los instrumentistas, creando Manoury con ello momentos de gran intensidad musical.
Cuando en medio del aparente caos sonoro de la obra moderna el espíritu del autor se abre paso, cuando finalmente se impone su necesidad de explicar el sufrimiento de su alma, es cuando triunfa la música y sentimos su belleza en toda su plenitud. Esto sucedió en mi opinión con Manoury.. y menos con Marco al que veo más sujeto a formas y prejuicios estéticos intelectualizados, procesados en su cabeza por su gran cultura musical.
Aunque discrepé musicalmente con mi Colometa, luego limamos 'asperezas' estéticas con una estupenda cena en nuestro restaurante favorito, Indochina, sito en la madrileña calle Barquillo frente a la Plaza del Rey. Nos pusimos bien a base de arroz japonés, langostinos con piñones y 'tieban' de pato. Todo regado con un buen Enate. Un San Valentín que recordaremos siempre con emoción.
martes 14 de febrero de 2012
TONTOS DEL CULO
SOBRE LA (CONTRA) REFORMA LABORAL. Como muy bien expresa El Roto hoy en El País, la sonrisa del protagonista de su viñeta es la de uno de los innumerables menesterosos que han votado a este Partido Popular que, en apenas dos meses de gobierno, se ha convertido en el manantial de mierda más grande que haya tenido nunca este país en democracia. Pienso que, al igual que el de la viñeta, todavía muchos tontos del culo no se han dado cuenta en realidad de lo que han votado, esos inumerables tontos útiles que siendo no afortunados o incluso muy desafortunados en la vida, han votado masivamente sin embargo a ese conglomerado tan simpático de ladronazos, especuladores, curas y evasores de impuestos que es el PP. Cuando estos menesterosos se den la gran hostia, cuando se vean a ellos mismos, o a sus hijos, convertidos en ciudadanos temerosos, sin derechos, indefensos, prácticamente esclavos en manos del empresario joputa, baboso y navajero de turno, imagino que se lo pensarán otra vez a la hora de dar su confianza a esta derecha fecal, a esta gente mala, hipócrita, corrupta y cruel. Lo más probable es que entonces sea demasiado tarde para recuperar los derechos y la dignidad perdidos.
jueves 9 de febrero de 2012
LA PUERTA DEL CIELO (SOBRE EL DESAMOR)
El Círculo de Bellas Artes de Madrid está programando este mes de febrero la versión restaurada y extendida (añade algo más de una hora, hasta las casi cuatro de proyección) de La Puerta del Cielo. Ha sido toda una experiencia ver de nuevo esta peculiar película de Cimino, un autor personalísimo que al igual que nos regalara con la más insólita de las películas que se haya rodado sobre Vietnam (El Cazador, con permiso o sin él del apocalíptico Coppola) también consiguió desconcertarnos en su día a todos (gratamente) con este western inclasificable, desasosegante, descorazonador.
La Puerta del Cielo es todo un espectáculo para la gran pantalla que nadie debería perderse. Está concebida para eso, para el gran cine como un marco majestuoso, digno, adecuado, para una de las historias más devastadoras que sobre el fracaso amoroso se hayan filmado nunca, algo que ya hiciera el propio Cimino en 1978 con El Cazador y que dos años más tarde repitiera con esta obra portentosa.
Esto es algo que se entiende fácilmente al asistir al despliegue de una de las más impresionantes puestas en escena que he visto nunca en una película: sus treinta primeros minutos deberían ser el canon a seguir para todo aquel que pretenda comprender cómo se consigue transportar al espectador a otra época, sumarlo al entusiasmo de un estallido de vida juvenil, a su devenir trágico, a su ímpetu por comerse el mundo, a su deseo de amar y ser amado que finalmente no se logrará consumar y que se convertirá en el manantial de dolor oculto que dará sentido trágico, relieve argumental y profundidad dramática a estas dos obras maestras de Cimino.
Porque quien ama como lo hace Kris Kristofferson en esta película, o como Robert de Niro en El Cazador, está condenado a la mayor de las tragedias: a vivir constante, diariamente, la angustia del que no puede satisfacer su deseo de ser feliz junto a la persona querida, del que es torturado sin pausa en el inclemente potro del desamor. Esta es la médula de una película en la que la frustración emocional sutilmente velada, nunca explícita, del protagonista, constituye (en efecto, como en El Cazador), la raíz de su actitud ambigüa ante los acontecimientos, su manera extraña de observar un conflicto social en toda la plenitud de su crueldad para, finalmente, tomar partido.. inútilmente.
El genio de Cimino se revela en sus dos grandes películas al establecer un marco social sangriento e injusto, el de la guerra de Vietnam y el de la masacre perpetrada por la patronal ganadera en Wyoming sobre cientos de inmigrantes venidos de Europa (alemanes y polacos en su mayoría), para dejar que la mirada del que ama sin ser amado se extienda sobre la sangre y el sufrimiento de los demás como el campo fértil en el que ha de germinar su redención.. en efecto, inútilmente.
Porque quien ama como lo hace Kris Kristofferson en esta película, o como Robert de Niro en El Cazador, está condenado a la mayor de las tragedias: a vivir constante, diariamente, la angustia del que no puede satisfacer su deseo de ser feliz junto a la persona querida, del que es torturado sin pausa en el inclemente potro del desamor. Esta es la médula de una película en la que la frustración emocional sutilmente velada, nunca explícita, del protagonista, constituye (en efecto, como en El Cazador), la raíz de su actitud ambigüa ante los acontecimientos, su manera extraña de observar un conflicto social en toda la plenitud de su crueldad para, finalmente, tomar partido.. inútilmente.El genio de Cimino se revela en sus dos grandes películas al establecer un marco social sangriento e injusto, el de la guerra de Vietnam y el de la masacre perpetrada por la patronal ganadera en Wyoming sobre cientos de inmigrantes venidos de Europa (alemanes y polacos en su mayoría), para dejar que la mirada del que ama sin ser amado se extienda sobre la sangre y el sufrimiento de los demás como el campo fértil en el que ha de germinar su redención.. en efecto, inútilmente.
Así, la devastación del marco histórico, la tragedia social, se convierte en el infierno objetivo en el que el propio frustrado de amor se contempla haciendo de la realidad del mal, de la guerra de Vietnam, de la sanguinaria actitud de la patronal de Wyoming, la consagración dramática, externa y catártica, de su propio ego dolorido. La pregunta pertinente es si acaso puede ser de otra manera, si acaso hay otra forma de observar o de entender el mundo cuando es imposible acercar a nuestro lado y para siempre al ser al que hemos dado nuestro amor como quien le ofrece hasta la última gota de nuestra sangre.
Los personajes que retrata La Puerta del Cielo, como ocurre en El Cazador, dan la impresión de ser individuos patéticos, débiles de corazón, sujetos al devenir de sus apetitos y temores, y a la aplastante maquinaria de la crueldad y la corrupción puesta en marcha por los demás. Sentimos una gran emoción al ver ambas películas, un sentimiento de piedad por quienes son masacrados en Vietnam, o por los que son fusilados en las verdes laderas de Wyoming víctimas de las decisiones inicuas de una Asociación de Ganaderos que pagan para matar familias enteras, pero que también empuñan por placer el Winchester para descerrajar un tiro limpio en la cabeza de un pobre inmigrante.

No obstante, sentimos sobre todo, secreta, sutilmente, la gran zozobra que provoca el desamor en Kris Kristofferson y Robert de Niro, y haciendo de esa carencia emocional el motor de toda la acción profunda de los protagonistas, Cimino logra penetrar muy adentro de ellos, tocar su alma dolorida.. y tocar así también nuestra propia alma, haciéndonos resucitar nuestros sentimientos más íntimos justo cuando al ver por primera vez a nuestro amor nos sentimos muy cerca, próximos a que se nos abriera nuestra particular 'puerta del cielo'. Esa cancela que finalmente no se abre para ellos.
martes 7 de febrero de 2012
DAVID LYNCH MÚSICO
Estoy escuchando Crazy Clown Time, el inquietante disco que compuso, produjo y editó David Lynch en 2011. Su espíritu está ahí, con toda la desasosegante zozobra (perdemos pie sin duda) que nos abruma en las mejores secuencias de sus películas, los silencios, las apariciones de personajes inopinados, la trama onírica.
El disco va acomapañado por un libreto con fotos y leyendas del propio Lynch. Una de elllas resume bien, esta vez literariamente, lo que se percibe al escuchar su música: "El horror y la tristeza que se siente al perder a alguien en otra dimensión": Carretera perdida en estado puro.
domingo 5 de febrero de 2012
EL NIÑO PERDIDO
Estoy leyendo estos días El Niño Perdido de Thomas Wolfe, novedad editorial en España de este clásico americano fallecido en 1938. Vuelvo a sentir de nuevo, como un golpe dulce, toda la fascinación de su lirismo que hace años había sentido con sus relatos y, sobre todo, con sus dos grandes obras: Del Tiempo y del Río y El Angel que nos mira. A Thomas Wolfe no hay que confundirlo con Tom Wolfe, el de La Hoguera de las Vanidades, un tipo mediocre y filofascista que le salió nuestro autor en los años 80 como una pústula que se propaga exitosa y que no hay manera de curar. Aún recuerdo la anécdota de una noche de copas en la que conocí a todo un profesor universitario que, viendo mi entusiasmo al hablar de Wolfe, Thomas, se dedicó a puntualizarme a todas horas con Wolfe, Tom, el de la hoguera, insidioso, incapaz de reconocer su ignorancia.. "¿seguro que no es Tom Wolfe?". Estuve a punto de matarlo mirándole con ojos cargados de desprecio letal, y todavía conservo las ganas suficientes como para hacerlo con un martillo si se me pusiera a la distancia adecuada.
Thomas Wolfe representa como ningún autor la desesperación lírica de quien intenta abarcar con palabras la inmensidad del ser americano, su gran frustración al no poder transportarnos cerca de su espíritu seducido por los cielos inmensos, los tornados, las llanuras implacables de los Estados Unidos. Sus trenes transocéanicos que recorren miles de kilómetros en la noche, locos, llenos de furia y fuego en Del Tiempo y del Río, su visión poética del infinito de aquella tierra que no hay manera de explicar en su gigantismo, me produjeron un estremecimiento intelectual que aún hoy perdura. Así, los personajes de sus obras metidos adentro de semejante paisaje se nos aparecen como míticos gigantes de la cotidianeidad, crueles y líricos a la vez, porque siempre está la mirada de Thomas Wolfe para decírnoslo, que es la mirada de un niño que descubre el mundo ciclópeo de América ante sus asombrados ojos infantiles. Justo como la novela que estoy leyendo ahora.
Murió viajando como un loco por los parques naturales de su amado país. Agotado por la belleza de los bosques, de la tierra que era el marco idóneo para su alma desbocada, agotado también de su propia escritura (era prolífico hasta la necedad), murió con apenas 38 años. De él recuerdo también un texto publicado en la mítica revista literaria Quimera sobre el proceso de creación. Escribir era para Thomas Wolfe dejar que surtiera libremente el manantial de su poesía expresada en una prosa inagotable. Como un río cuyas fuentes no se secan, como el tiempo que no cesa de transcurrir celoso de todo lo vivo y perecedero y que, por ello, nos arrastra con él hasta la muerte.
Creo que su literatura era su manera de escapar de las garras de ese Tiempo, de detener las aguas de ese Río que nunca deja de fluir. Algo inútil.. pero sólo en apariencia, porque ¿acaso la belleza de su prosa no es una forma de redimirnos de la hemorragia constante que es acumular años, ser arrastrados por el Tiempo, vivir? ¿No es su lirismo una manera de protestar ante la sangría del niño que Wolfe fue, del niño que fuimos, del niño de su novela, del niño que todos vamos dejando atrás, perdiéndolo sin remedio hasta dejarnos casi huecos por dentro, con la piel seca, cubiertos tan solo del polvo que se acumula con la miseria del alma que se aleja de la infancia?viernes 3 de febrero de 2012
DEMONIOS LIBERADOS
Este pasado jueves hemos continuado con el ciclo de música contemporánea que la Fundación BBVA y la orquesta Plural Ensemble han programado en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional. Los protagonistas fueron Mauricio Kagel, compositor argentino fallecido en 2008 (esencial para entender la evolución última de la música clásica del siglo XX), y el joven autor alemán Matthias Pintscher, que dirigió personalmente el estreno en España de una de sus obras y la del propio Kagel.
La Colometa y yo disfrutamos de casi tres horas de música trascendente, de armonías hechas para seducir con impresionantes abismos de color y también de impactos heladores de dos grupos percutivos de excepción. Fueron los juegos virtuosos de dos autores que, finalmente, se complementaron a la perfección.
Mauricio Kagel no necesita ya que se busque a quien le comprenda: es una referencia esencial, y más la obra interpretada, La Rosa de los Vientos (concretamente las partes Este -que viene reproducida en el video que abre esta entrada- y Oeste). Para quien no lo conozca, simplemente decirle que fue quien compuso la banda sonora de Un Perro Andaluz de Buñuel.
El otro protagonista de la tarde, Matthias Pintscher, nos dejó boquiabiertos con el despliegue sonoro y la agresividad de su gran propuesta estrenada ayer en España, Eclipse Sonoro, pero también con su primera obra escuchada por primera vez también aquí, Study II for Treatise on the Veil, composición de una sutileza extrema, en la que dos violines y una viola disputan entre sí por ser quien dibuja plásticamente una forma casi sin tocar, acariciando apenas, las cuerdas con los arcos. Un prodigio interpretativo de similar fuerza a la de la obra Figura III que interpreta arriba el acordeonista Vladimir Blagojevic.
Mi impresión personal es que Pinstcher es un artista que tiene un mundo propio, y aunque entiendo que sufre de contradicciones que le atormentan, lucha honestamente por escapar de una pesada tradición de modernidad en la que es fácil caer en la trampa del ruido y la devastación sonora. Y es en ese debate con la forma en la que su personalidad estética, muy acusada, surte con toda la violencia de un demonio liberado. De esta manera, Eclipse Sonoro estalló ante nosotros con la detonación controlada de dos grupos de percusión excepcionales, y el fraseo entre grave y alarmado de la trompa de Elies Moncholi, y la trompeta insidiosa, histriónica y sabia de César Asensi: vimos así la revelación de lo que se agita y se retuerce dentro de un hombre que disfruta del privilegio de dibujar con música la fiebre de su alma.
Fue un placer escuchar su música catártica, compleja y sincera. Una tarde inolvidable.
martes 17 de enero de 2012
DRIVE (RECORDANDO A BULLIT)
Este fin de semana vimos Drive en los cines Verdi HD. Me he llevado una decepción con esta película de Nicolas Winding Refn, aunque tampoco sería justo decir que me he aburrido con ella. Las críticas eran inmejorables y tenía ganas de ver cómo se invocaba el espíritu del Steve MacQueen de Bullit, porque en realidad fue a eso a lo que se redujo para mí esta entretenida película que gira en torno a la idealización casi mítica de un personaje introvertido y pretendidamente complejo, interpretado con demasiada parsimonia por Ryan Goslin.
Un personaje en el que no sólo he encontrado trazos de Bullit, por su pose, su coche (el mítico Mustang), o su soledad a la hora de desenredar a base de tiros (o martillazos) una trama. También me ha recordado la mirada de Gosling, su soledad y su cazadora brillante de especialista de cine, a la de Kurt Russell en la poco valorada Death Proof de Tarantino. Es evidente que la película me hastiaba por momentos así que entretuve en buscar semejanzas un poco a traspelo mientras se sucedían las secuencias de tono truculento, un recurso fácil éste de la truculencia creciente para captar la atención cuando el guión es, como en este caso, flojo, flojo.Se podría decir mucho
sobre las buenas intenciones del director, de la fotografía excelente, de la espléndida banda sonora de Cliff Martínez (Solaris) pero no creo que merezca la pena teniendo en cuenta el fracaso global de su propuesta. Una lástima, porque tenía verdaderas ganas de disfrutar de una digna evocación de Bullit redivivo (aunque hubiera sido sólo a medias). Perdimos el tiempo.lunes 9 de enero de 2012
JUDÍOS Y GENTILES
El pasado verano mis padres visitaron Israel. Este viaje a Tierra Santa les ha sacudido en todos los aspectos (excepto en el económico, cosa que no me sorprende teniendo en cuenta que junto a mi padre viajaba, siempre alerta, mi madre). Les ha servido también para invitar a sus siete hijos a reflexionar sobre el pueblo judío, el judaísmo, lo judío. Con esa intención me encargaron que comprase un libro que girase en torno a este asunto que más tarde mi padre distribuiría sin compasión a diestro y siniestro. Empresa difícil, porque las ediciones, en contra de lo que pueda parecer, son escasas, descatalogadas, tendenciosas, y muchas de ellas enfermas de radicalismo 'a favor' o 'en contra'. Lo más potable que encontré fue una publicación de las conferencias dictadas en un curso de la Universidad de Navarra titulado, muy poco esperanzadoramente, Historia de Israel y del pueblo judío: guerra y paz en la Tierra Prometida. Después de leerlo a veces con hastío y otras con verdadera pasion (siempre con detenimiento) me siento capaz, o animado más bien, a hablar un poco en torno a todo este asunto, siempre polémico, siempre importante, siempre presente de una forma u otra en nuestras ocupadas vidas de gentiles.
En principio tengo que decir que la lectura del libro ha incrementado, y valiosamente, mi perspectiva alrededor del pueblo judío. La ha enriquecido sin duda, y creo que le sucederá lo mismo a cualquiera que lo aborde por el simple hecho de que los judíos, su herencia cultural, su atribulada historia, pertenecen, lo queramos o no, a nuestras 'ocupadas vidas de gentiles': ellos han penetrado de una forma discreta y ausente de rasgos, incluso sin manifestarse como un legado semita (leyendo a Kafka, por ejemplo), o bien, de forma estereotipada, mediante los cuatro trazos gruesos del exterminio nazi, las tablas de Moisés, la circuncisión o la guerra despiadada con los palestinos. Personalmente creo que la primera vez que caí en la cuenta de la complejidad del 'problema' fue viendo algunas de las películas del 'judío' Woody Allen. Este director ha hecho mucho por hacernos comprender, desdramatizándolo, el fenómeno. Su más importante aportación quizás sea la de profesar de judío 'ateo', cosa que no deja de 'epatarnos' pues siempre pensamos en el fondo que todos los israelitas son unas bestias ortodoxas que se pasan el día recitando con monocordia exasperante la Torah. Allen ha contribuido también a la desmitificación atentando contra otra cuestión casi sagrada para ellos: contando el chiste más bestia que se haya oído nunca (yo al menos) sobre el Holocausto.
En efecto, en su película Desmontando a Harry, le espeta a otro personaje lo siguiente: "¿Seis millones de judíos asesinados? Los récords están para batirlos". Hay que admitir que nuestra idea tópica es la de que los judíos son una especie de colectivo uniforme que profesa una fe incuestionable en un dios terrible y un mesías perezoso (nunca termina de llegar), celebran fiestas a destiempo, se afeitan la coronilla en lugar de la barba, fueron masacrados por los nazis y ahora masacran palestinos (excepto los sábados) y, por fin, le cortan algo más que las anginas a los bebés. Y naturalmente, no es así. Judíos, como gentiles, los hay de todos los colores: Allen, y su cine, al igual que Billy Wilder, Einstein o el propio Groucho Marx, constituyen una prueba de ello.
Otro chiste sobre judíos, éste del propio Groucho Marx: cómo no nos vamos a quejar los judíos de Moisés si después de conducirnos cuarenta años por el desierto nos trajo al único lugar de Medio Oriente en el que no hay petróleo.
Vaya sorpresa: los judíos se saben reír de sí mismos. Y a base de bien: ironizan unos sobre otros, se desprestigian, se ríen de sus propios actos, de sus posturas religiosas, políticas, sociales. Y eso apunta a una de las grandes impresiones que se obtienen con la lectura de este libro: nunca fueron una unidad de destino en lo universal: polemizaban, discutían, rivalizaban entre ellos.. y lo siguen haciendo: los hubo y los hay rojos, crueles, piadosos, ateos. Precisamente es lo que marca su historia: la incapacidad de dar una respuesta unitaria como pueblo perseguido. Incluso después del Holocausto. Otra conclusión valiosa que se extrae de la lectura de Historia de Israel y del pueblo judío es que el devenir peculiar de este pueblo, su 'obligado' nomadismo, les obligó a adquirir unas cualidades que les hicieron intelectualmente fuertes. Les hizo forjarse un espíritu "pionero, aventurero e innovador". No hay que olvidar que el 'libro sagrado', la Torah, todos los libros, siempre les acompañaron en sus huidas precipitadas de guetos y arrabales: y sus herramientas de trabajo también.. y sus instrumentos musicales.
Creo que las mejores conferencias que ilustran sobre todo esto que digo son las de los profesores José Ramón Ayaso, Un pueblo sin Estado, y Alvaro Ferrary, Los judíos ante la modernidad. Merece la pena realmente detenerse a leerlas. En esas dos conferencias está escrito, incluso con ironía, todo esto que cuento aquí y mucho más. Otras son muy estimables, como las que abordan históricamente el conflicto palestino, o las dedicadas a Sefarad.
Para finalizar querría haceros una recomendación, la del ya clásico del cómic Maus, de Art Spiegelman. Porque no se puede entender hoy a los judíos sin la Soah, la aniquilación científica, rigurosa, total a la que se les sometió. El Holocausto les dio la suficiente fuerza moral como para exigir al resto de pueblos la creación del Estado de Israel. La ironía es que Maus, como todas las grandes obras, tiene también una lectura paradójica, en la que verdugos y víctimas pueden intercambiar de nuevo sus papeles: porque ante los ojos de un niño palestino al que el muro de la vergüenza ha cortado en dos el huerto de su padre, ¿quién es hoy el nazi?
En fin, ha sido un viaje a Tierra Santa que ha enriquecido sin duda a mis padres, les ha hecho crecer atesorando en su madurez plena una experiencia única. También a sus hijos nos ha hecho mejorar. Les hemos escuchado atentamente a su regreso con respeto y devoción: su relato siempre ha sido emotivo y lo comprendemos, porque para ellos visitar Israel ha supuesto pisar una tierra preñada de revelaciones, guerras, mitos y significados que la lectura de este libro podrá sin duda ayudar a comprender.
martes 3 de enero de 2012
THE ARTIST (SOBRE LA IMPOTENCIA)
Ayer vimos The Artist de Michel Hazanavicius en los cine Yelmo Ideal de Madrid. Salimos de la sala felices de haber asistido a un despliegue brillante de cine lúdico, apasionado, preñado de homenajes, guiños y giros a la gran época muda del celuloide. Esto no hubiera sido suficiente no obstante para crear la excelente pelicula que le ha salido a Hazanavicius. Lo que se esconde detrás de esa tramoya fantástica puesta al servicio de recrear sin diálogos aquellos años de gloria muda del cine, es la historia terrible de la encrucijada de uno de aquellos actores que, siendo estrellas de películas mudas, se vieron arrojados fuera de la industria cinematográfica con la irrupción del sonoro, una circunstancia históricamente retratada en obras ya clásicas como El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder.
Pero no es esto exactamente lo que hace única a The Artist, aunque en sí mismo es un contexto adecuado para ambientar el fracaso inapelable de un actor silente al que ya no le dejan pertenecer al mundo del sonoro. No porque, en mi opinión, a lo que nos enfrenta Hazanavicius con el personaje de George Valentin (interpretado por Jean Dujardin) es a la lucha de un hombre por recuperar su capacidad de amar entendida, metafóricamente, como su capacidad de hablar. Hablar se hace en la película verbo amatorio, verbo motor con el que Valentin, incapacitado para ello en la nueva industria, se sentira en consecuencia mudo, impotente para hacer feliz a una chica joven, de sexualidad estridente, toda una nueva estrella del cine sonoro. La película, que podría haber derivado en una reflexión sobre los oropeles entre patéticos y decadentes que siempre se despliegan ante el fin de una época que ha sido gloriosa (como magistralmente retrata Billy Wilder en su película), se va transformado poco a poco, y con dramatismo a veces folletinesco pero siempre dotado de una distancia humorística suficiente, en una parábola sobre la redención a la que todo hombre parece estar destinado.. siempre y cuando deje de lado su orgullo y acepte que alguien le saque del bache ofreciéndole su amor.
La incapacidad de amar, la impotencia sexual que ello provoca, es un hecho complejo que no obedece nunca a una sola causa. Pero desde luego el orgullo ciega a quien la padece y es, con mucho, el principal obstáculo para superarla. Hazanavicius así lo considera jugando metafóricamente con decenas de situaciones en las que su protagonista, Valentin, se retrata como impotente: como cuando en la película que dirige y produce, curiosamente llamada Lágrimas de Amor, cae en un pozo de arenas movedizas y la chica que le acompaña es incapaz de ayudarle a pesar de sus gesticulantes esfuerzos: muere por lo tanto en una película que ha creado dentro de la misma película, es decir, en su propia cabeza.
También resulta curioso que el único ser con el que se comunica Valentin sea con su inseparable perrillo, un encantador animalejo, fiel, atento siempre a salvarle, tanto en sus películas como en su vida de infeliz casado, de las más absurdas situaciones. Claro está que con el perro no necesita hablar: le basta con gesticular. Veo por lo tanto en The Artist toda una parábola sobre la necesidad de entregarnos, de 'hablar' y adaptarnos al ser amado, para alcanzar al fin la comunicación que nos conduzca a una situación culminante, plena, feliz. Si no dejamos de lado nuestro orgullo, si enmudecemos por el miedo natural a la novedad con la que la vida siempre nos supera, si nos obcecamos en no aceptar el reto del 'sonoro' y en consecuencia nos empeñamos en no articular nuestro afecto, nada podrá hacerse para que sacarnos del hoyo. Seguiremos mudos, incomunicados, impotentes, por mucho que la otra parte nos susurre, nos hable, nos grite, nos quiera.
jueves 29 de diciembre de 2011
SATIE PURO.. Y TURBIO
Estos días mi Colometa está abordando al genial Satie al piano, en concreto su primera Gymnopédie.
Me encanta escuchar su pelea con esta difícil obra aparentemente tan pura y sencilla pero que, agarrándote con fuerza desde la primera nota, te transporta a los lugares más dulces pero también más turbios del desamor, como tan bellamente expresa el corto que abre esta entrada. No os lo perdáis.
jueves 15 de diciembre de 2011
DUELO DE TREK'S
La tarde de hoy fue realmente gloriosa. Mi hermano David me retó a un duelo singular en la pista de BMX que hay en la Arganzuela (Madrid Río). Piadosamente, y porque soy el mayor, le concedo el empate, aunque es evidente por las imágenes quién fue el que arrasó. Pasamos unas horas inolvidables. El frío desapacible, la tarde cayendo en ascua viva sobre la ciudad, los recuerdos de los inviernos en bicicleta en mi amada infancia.. todo se agolpaba en mi cabeza y me hizo sentir feliz de estar compartiendo esos momentos tan especiales con David.
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