martes 11 de octubre de 2011

CORONADO.. SEGÚN LANCASTER


Este fin de semana hemos visto en los cines Yelmo Ideal de Madrid No habrá paz para los malvados. No puedo decir honestamente que me haya llevado una decepción, pero con esta película de Enrique Urbizu es cierto que me esperaba algo más. Me he encontrado con un policíaco seco, duro, pero falsamente amoral, incluso podría asegurar que es decididamente moral. Esto, que parece una pequeña cosa, a mí personalmente es lo que me ha hecho dudar de la categoría de una película que rota en torno a una idea que parece obsesionar al director: hacer de Santos Trinidad, el papel protagonista que interpreta José Coronado, un homenaje, o remedo, de MacIntosch, el personaje del rastreador inolvidable que interpreta Burt Lancaster en La Venganza de Ulzana.
Urbizu es un apasionado de esta película magistral de Robert Aldrich. Así lo demostró cuando este pasado mes de julio pasaron la película en la Filmoteca Española y él mismo dio una charla brillante sobre el cine de Aldrich. Habiéndole escuchado en directo, comprendo mejor No habrá paz para los malvados. Pero esa misma comprensión me la devalúa notablemente, porque creo que, sinceramente, no hay color entre el personaje de Lancaster y el de Coronado.
Sucede con Urbizu un poco como con Garci: su cine negro es un homenaje constante a las películas de género que ama. Y ese amor lo saben expresar muy bien verbalmente, tanto uno como el otro porque son excelentes comunicadores, pero no saben crear a partir de ese sentimiendo de admiración un mundo cinematográfico con entidad propia. Y lamento decir esto, sobre todo con Urbizu, del que estimo especialmente una película como La vida mancha.


Creo que el personaje de Santos Trinidad alcanza su esplendor desde el mismo inicio brillante de la película, con el asalto al club y la descripción de la vida alcohólica, solitaria y nihilista del personaje, hasta el primer tercio de la cinta, con el comienzo de la cacería de la célula terrorista. Es en ese primer tercio donde Urbizu logra hacer que me ilusionase con su película hasta erizarme el vello con la expectativa de que repetiría algo similar a su notable La Caja 507. Pero a partir de ese tramo inicial la película se convierte en un empeño demostrativo de la entidad moral de un personaje que no es nada probable que la tenga, entreteniéndose el director en la construcción heroica de un hombre que busca una redención que a mí no me parece creíble. Todo hecho con trazos maestros, con oficio de género, sin duda, pero decepcionante al fin.  
Santos Trinidad ha sido construido con la idea madre, con el peso admirativo (obsesivo) del MacIntosch de Aldrich.. y con los logros muy celebrados del personaje que encarna Coronado en La Caja 507, el terrible Rafael, para el que por cierto no hay obsesión para que se redima.. ni falta que le hace. Así, conforme pasaban los minutos en la sala, más incómodo me sentía en la butaca oliéndome ya lo que iba a suceder: que No habrá paz para los malvados con ese guión consagrado a expiar los pecados de Trinidad, me iba a llevar minuto a minuto, sin remedio, al desespero.

Con otras ideas en la cabeza, con el mismo oficio de cineasta (que le sobra a Urbizu), con menos deseo de homenajear a un tipo en concreto (el implacable, duro e inteligente MacIntosch, al que admira sobre todos los tipos de este mundo) quizás podríamos estar ahora hablando de una gran película. En mi opinión, y lamentablemente, no es el caso.

1 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo. Muy buen análisis. A mi me pasó lo mismo aunque no sabría expresarlo tan bien, José Ángel. Todo estaba genial, los actores, escenarios, etc., pero... algo falló.
    Un abrazo,

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